La obligación de informar al paciente sobre las posibilidades de curación

En el mundo de la medicina existen ciertas obligaciones morales que los profesionales reconocen cuando se gradúan, las mismas con las que quedan comprometidos en el ejercicio de su trabajo.

Podemos citar, entre ellas, la obligación de informar al paciente sobre las posibilidades de curación. Es decir, el médico tiene el deber de ofrecer al paciente información detallada sobre cuáles son las posibilidades reales de curación, incluso cuando éstas sean “escasas” o poco probables.

Es muy importante saber esto porque tanto el individuo que acude a la consulta médica como quien forma parte de su familia, están en todo su derecho de demandar al profesional en caso de que éste omita o mienta deliberadamente acerca de sus posibilidades de recuperación, aunque sea con las mejores intenciones.

 

Negligencias médicas por falta de información

En los casos en los que el profesional altere o evite brindar datos al paciente y su círculo íntimo, podría estar incurriendo en una negligencia médica, un delito penado por la Ley. Cualquier falta de información veraz y probada supone una mala praxis del profesional.

Así al menos lo recogen algunos fallos importantes de la jurisprudencia española; se pueden citar fallos como el del juzgado de Canarias, que en su momento estableció una indemnización de 96.869 euros como consecuencia del fallecimiento de un bebé con menos de un año, a pagar por el Servicio Canario de Salud, cuyos integrantes ocultaron información a los padres.

En efecto, el recién nacido sufría una patología cardíaca congénita, pero los progenitores no fueron debidamente informados al respecto, ni sobre el trastorno ni sobre las alternativas de tratamiento. Tampoco se les facilitó el acceso para tener una despedida ante lo irreversible de la situación.

El hecho es que durante el seguimiento del embarazo no se había detectado ninguna patología en el feto, cardíaca ni de otro tipo. Tampoco en las primeras horas de vida del bebé aparecieron síntomas que pudieran relacionarse con el diagnóstico. Tras nacer, mostrando malestar y dificultad respiratoria experimentadas durante su segundo día de vida, los médicos reconocieron la problemática.

En ese momento se informó a los padres de un soplo y permaneció en el hospital algunos días, hasta que se les dijo que había un problema en el corazón, “prácticamente mortal”. Los padres, sumidos evidentemente en desesperación, le trasladaron a un hospital en Madrid, donde eventualmente sería operado en varias ocasiones, falleciendo en su primer año de vida. 

 

La demanda y la determinación

Dados los eventos recopilados, el abogado especialista en negligencia médica de los padres responsabilizó a la Administración por una mala praxis sanitaria al no haber informado a los padres de las posibilidades de tratamiento de la patología del bebé. El juez entendió que efectivamente hubo negligencia médica al definir ésta como una “patología mortal”, cuando existen intervenciones quirúrgicas que pueden asegurar expectativas de vida de hasta 15 años en uno de cada cuatro pacientes operados.

Al omitir la información, y no dejar otra opción a los padres que trasladar a la criatura a otro centro médico, sus posibilidades de vida se redujeron por la falta de asistencia cardíaca durante el proceso.

De allí que la información médica debe ser real, estar probada y ser completa, sin prescindir de esos detalles que podrían decantar la voluntad del paciente o de sus familiares, en una dirección u otra.

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