Placenta accreta: por qué el diagnóstico prenatal cambia el pronóstico del parto

Casi todas las urgencias obstétricas tienen algo en común: se presentan sin avisar. La placenta accreta es la excepción. Es una anomalía que, con la información adecuada, puede sospecharse durante el embarazo, y esa posibilidad convierte lo que sería una hemorragia masiva e imprevista en un parto que se puede preparar con antelación.

 

¿Qué ocurre realmente en la pared del útero?

Tras el nacimiento, la placenta se desprende de la pared uterina porque existe una capa de tejido que facilita esa separación. En la placenta accreta ese plano falta o es defectuoso, y las vellosidades placentarias se adhieren al músculo del útero, o lo invaden.

Hoy se habla de espectro de placenta accreta porque abarca grados distintos: desde la simple adherencia anómala hasta la invasión de todo el espesor de la pared, con posible afectación de órganos vecinos, como la vejiga.

El problema práctico es siempre el mismo. Si la placenta no se separa, el útero no puede cerrar los vasos que la nutrían, y al intentar extraerla puede producirse una hemorragia de enorme volumen en muy poco tiempo.

 

El factor que más debería activar la alerta

El principal factor de riesgo es la combinación de cesárea previa y placenta previa, es decir, situada sobre el orificio cervical interno o muy cerca de él. El riesgo aumenta con el número de cesáreas anteriores. Otras intervenciones sobre el útero, como la extirpación de miomas o los legrados, también pueden favorecerla, al igual que determinados antecedentes de reproducción asistida.

Esto tiene una consecuencia clínica importante: en una gestante con ese perfil, la pregunta sobre la inserción de la placenta no es opcional. Debe plantearse de forma activa en las ecografías del embarazo, porque la sospecha parte, en buena medida, de saber que el riesgo existe.

 

Lo que se puede ver en la ecografía y lo que añade la resonancia

La ecografía, con estudio Doppler, es la herramienta principal para sospechar el diagnóstico, y en manos con experiencia ofrece muy buenos resultados. Entre los hallazgos que orientan están las alteraciones en el grosor del miometrio por detrás de la placenta, la pérdida del espacio claro normal entre ambos, la presencia de lagunas vasculares dentro de la placenta y un patrón de vascularización anómalo hacia la vejiga.

La resonancia magnética puede ser un complemento útil en casos seleccionados, sobre todo cuando hay dudas o sospecha de invasión profunda, pero no sustituye a una buena exploración ecográfica.

Ninguna prueba es infalible, y por eso importa menos la certeza absoluta que la capacidad de reconocer el riesgo y actuar en consecuencia.

 

¿Por qué el diagnóstico previo cambia el parto?

Aquí está el verdadero valor clínico. Cuando la sospecha existe antes del parto, el caso puede derivarse a un centro con experiencia y recursos suficientes: banco de sangre con capacidad de respuesta, equipo quirúrgico con ginecólogos de cirugía compleja, anestesia y cuidados intensivos, y, si procede, urología o cirugía vascular. El nacimiento se programa (generalmente antes del término y por cesárea) en un momento elegido para equilibrar la madurez del bebé con el riesgo de sangrado espontáneo. La paciente es informada de que puede ser necesaria una histerectomía, y de que existen estrategias alternativas en determinados casos.

Cuando el diagnóstico no se ha hecho y la placenta no se desprende en pleno parto, todo eso falta. El equipo improvisa en condiciones de urgencia, con una hemorragia en curso y sin haber preparado hemoderivados ni personal. La literatura obstétrica asocia de forma consistente el diagnóstico prenatal con menor pérdida de sangre y menos complicaciones graves para la madre.

 

Qué se revisa cuando algo falla

En una reclamación por este motivo, la pregunta de fondo suele ser temporal: qué se sabía (o debía saberse) y cuándo. Interesa si se identificó el factor de riesgo, si se exploró con la dedicación que exigía una paciente con cesárea previa y placenta baja, si se solicitó una segunda opinión ante una imagen dudosa, si se informó a la gestante de la sospecha y si se planificó el parto donde correspondía. Es habitual que la historia clínica arroja luz sobre si hubo anticipación o improvisación.

Si has vivido un parto con una hemorragia grave o una pérdida del útero y consideras que el riesgo no se anticipó como debía, en nuestro despacho de abogados especialistas en negligencias médicas podemos estudiar tu historial clínico y orientarte sobre si existen indicios de una posible negligencia.

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