No toda complicación es negligencia, pero no toda complicación es inevitable

Una de las ideas más extendidas en el ámbito sanitario es que las complicaciones forman parte de la medicina y que, por tanto, deben asumirse como un riesgo inherente a cualquier tratamiento o procedimiento. Y es cierto. Ninguna intervención médica está completamente libre de riesgos. Ningún profesional puede garantizar resultados absolutos.

Sin embargo, existe otra realidad menos conocida: el hecho de que una complicación sea una posibilidad reconocida en medicina no significa que siempre sea inevitable ni que deba aceptarse sin más análisis.

Esta distinción es especialmente importante porque muchas de las reclamaciones por negligencia médica no nacen de la existencia de una complicación, sino de la forma en que se gestionó el riesgo que condujo a ella.

 

El error de centrar toda la atención en el resultado

Cuando un paciente sufre una consecuencia grave, la conversación suele girar inmediatamente en torno al desenlace. Se analiza qué ocurrió, qué secuelas quedaron o cuál fue la evolución posterior.

Sin embargo, desde una perspectiva clínica y jurídica, la pregunta más relevante suele ser otra: ¿cómo se llegó hasta allí?

Dos pacientes pueden sufrir exactamente la misma complicación y, sin embargo, encontrarnos ante situaciones completamente distintas. La diferencia no está necesariamente en el resultado final, sino en el proceso asistencial que lo precedió.

Por eso, cuando se estudia una posible negligencia médica, el foco no debe situarse únicamente en el daño producido, sino en la cadena de decisiones, valoraciones y actuaciones que condujeron a ese daño.

 

Las complicaciones también tienen contexto

Las complicaciones médicas no aparecen en el vacío. Surgen dentro de un contexto clínico concreto, con unos antecedentes determinados, unos factores de riesgo identificables y una evolución que puede ofrecer señales de alerta antes de que el problema se materialice.

En muchos casos, el verdadero análisis consiste en determinar si esas señales fueron reconocidas, interpretadas y gestionadas adecuadamente.

La medicina moderna no se basa únicamente en tratar problemas cuando ya han aparecido. Una parte esencial de la práctica clínica consiste precisamente en anticiparse a ellos.

Cuando existe un riesgo conocido, la cuestión relevante es si se adoptaron las medidas razonables para reducirlo, vigilarlo o actuar a tiempo si comenzaba a manifestarse.

 

El riesgo asumible y el riesgo mal gestionado

Uno de los aspectos más interesantes en la valoración de posibles negligencias médicas es la diferencia entre asumir un riesgo y gestionar correctamente ese riesgo.

La existencia de una complicación puede ser compatible con una actuación impecable. Hay situaciones que evolucionan desfavorablemente incluso cuando se han seguido todos los protocolos y se ha actuado con la máxima diligencia.

Pero también existen complicaciones que se agravan porque determinados datos no fueron valorados adecuadamente, porque no se realizaron controles necesarios o porque la respuesta asistencial llegó demasiado tarde.

En estos casos, el debate deja de centrarse en la complicación y pasa a centrarse en la actuación. Y esa diferencia es fundamental.

 

La importancia de analizar lo que no ocurrió

Cuando se revisa una asistencia sanitaria, muchas veces resulta tan relevante estudiar lo que se hizo como aquello que no llegó a hacerse.

Una prueba no solicitada, una reevaluación que no se realizó, una consulta a otro especialista que nunca se planteó o una vigilancia insuficiente pueden adquirir una enorme importancia cuando se reconstruye la evolución clínica completa.

De hecho, algunas de las negligencias más complejas de identificar no están asociadas a actuaciones incorrectas, sino a oportunidades perdidas.

El problema no siempre es una decisión equivocada. En ocasiones, el problema es la ausencia de una decisión cuando la situación exigía intervenir.

 

La retrospectiva tiene valor

Existe cierta tendencia a rechazar cualquier análisis posterior bajo el argumento de que es fácil juzgar conociendo el resultado.

Es verdad que la medicina no puede evaluarse únicamente desde la retrospectiva. Sin embargo, eso no significa que el análisis posterior carezca de utilidad.

Precisamente porque conocemos la evolución completa es posible reconstruir el proceso asistencial y determinar si ciertos cambios clínicos ya estaban presentes antes de que apareciera el desenlace final.

La recapitulación del proceso asistencial permite identificar patrones, retrasos, omisiones o decisiones que pasaron desapercibidas durante la atención inicial. Y muchas veces es ahí donde se encuentra la verdadera explicación de lo ocurrido.

 

La diferencia entre explicar y justificar

Otro aspecto que suele generar confusión es la tendencia a considerar que cualquier explicación equivale a una justificación.

Toda complicación médica puede tener una explicación clínica. Lo que no siempre está claro es si esa explicación basta para justificar completamente el resultado.

Explicar por qué ocurrió algo no responde necesariamente a la pregunta de si podría haberse actuado de otra manera.

Por eso, cuando se analiza una posible negligencia, resulta imprescindible diferenciar ambos planos.

La medicina puede explicar la aparición de una complicación. El análisis médico-legal debe determinar si esa complicación era realmente inevitable dadas las circunstancias concretas del caso.

 

Aceptar que la medicina conlleva riesgos no implica renunciar a analizar cómo se gestionaron esos riesgos. La existencia de una complicación no demuestra por sí sola una negligencia, pero tampoco la descarta.

La cuestión verdaderamente importante no suele ser qué ocurrió, sino cómo ocurrió. Y para responder a esa pregunta es necesario estudiar la asistencia en su conjunto, valorar las decisiones adoptadas y determinar si la actuación sanitaria se ajustó a los estándares exigibles en cada momento.

Cuando existen dudas razonables sobre ese proceso, un análisis médico-jurídico especializado puede resultar esencial para comprender lo sucedido y valorar si el daño sufrido era realmente inevitable.

*En nuestro despacho de abogados de negligencias médicas analizamos cada caso desde una perspectiva rigurosa, estudiando no solo el resultado final, sino todo el proceso asistencial que condujo a él. Si precisas asesoramiento legal, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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