¿Cuáles pueden ser las consecuencias psicológicas de una negligencia médica?

Cuando el paciente visita o acude a un facultativo, su principal idea y objetivo es tratar de obtener una curación para  su enfermedad, demostrando respeto y confianza en el buen hacer del médico. Si bien los profesionales  del sistema sanitario no  puede garantizar la sanación del enfermo, sí deben actuar con la diligencia debida y poner todos los medios disponibles para ello, de acuerdo con la ciencia médica. 

Sin embargo, cuando un paciente es víctima de una negligencia médica, esta tiene importantes consecuencias tanto para el mismo como para su familia, al generar como resultado de la mala praxis  secuelas físicas al paciente. 

Con independencia de los daños generados al paciente también se  quebranta la relación de confianza   entre médico y paciente, que es fundamental dentro de cualquier procedimiento asistencial del ámbito sanitario.

Una negligencia médica puede definirse como aquella acción u omisión desarrollada por el personal sanitario que vulnera lex artis ad hoc. Una mala praxis también puede definirse como cualquier acción u omisión desarrollada por un facultativo o personal sanitario realizada al margen de los estándares y reglas exigidas por la counidad médica, que tiene como resultado una lesión en el paciente.

Siempre se debe recalcar la diferencia entre negligencia médica y caso fortuito o fuerza mayor; los últimos casos se producen cuando los daños y secuelas del paciente no son consecuencia de una mala praxis del personal sanitario, sino que derivan de circunstancias que no se pudieron prever y/o evitar en el momento de la producción del daño.

 

Consecuencias de la negligencia médica sobre el paciente

Las consecuencias que puede acarrear una negligencia médica van desde los daños de carácter temporal (es decir, los que no dejan secuelas crónicas pero sí imposibilitan durante un tiempo), lesiones permanentes, continuadas o incluso el fallecimiento del paciente.

Entre los daños más comunes, se encuentran los que mencionamos a continuación.

Secuelas

Las secuelas son uno de los efectos secundarios más comunes en el ámbito de la medicina tras sufrir una negligencias médicas. Dentro de estas podemos encontrar:

  • Secuelas de carácter físico: las que producen una merma física en la salud del paciente, tales como una amputación, algún tipo de problema cerebral, la pérdida de algún órgano entre muchos otros.
  • Secuelas estéticas: las que afectan a la imagen de la persona.
  • Secuelas de carácter psíquico o psicológico: son aquellas que suponen un daño psicológico que pueden derivar en daños o trastornos psiquiatricos.Los más habituales son: el estrés postraumático, el síndrome depresivo, la ansiedad, las fobias y el trastorno adaptativo

Daño moral

Es una de las secuencias más temidas tras una negligencia médica, pues el daño moral puede perdurar en el tiempo (por un periodo indefinido) y hace referencia al sentimiento negativo que guarda el paciente tras sufrir una negligencia.

Es una de las consecuencias más complicados de sanar, puesto que ni el tiempo ni la medicina pueden acelerar el proceso de curación, llegando a durar largos periodos de tiempo o convirtiéndose en un daño permanente.

Cabe destacar que el círculo cercano del paciente también tiene que lidiar con este sufrimiento.

En este sentido se podrán reclamar las secuelas funcionales generadas por la negligencia médica y un daño moral por el sufrimiento psíquico o emocional padecido debido a la mala praxis médica, como así lo establece la Jurisprudencia de nuestros tribuanles, en Sentencia del Tribuanl Supremo de 31 de mayo de 2000, señalando que:

 

La situación básica para que pueda darse lugar a un daño moral indemnizable consiste en un sufrimiento o padecimiento psíquico (Sentencias de 22 de mayo de 1995, 19 de octubre de 1996 y 27 de septiembre de 1999). La reciente Jurisprudencia se ha referido a diversas situaciones, entre las que cabe citar el impacto o sufrimiento psíquico o espiritual (Sentencia de 23 de julio de 1990), impotencia, zozobra, ansiedad, angustia (Sentencia de 6 de julio de 1990), la zozobra, como sensación anímica de inquietud, pesadumbre, temor o presagio de incertidumbre (Sentencia de 22 de mayo de 1995), el trastorno de ansiedad, impacto emocional, incertidumbre consecuente (Sentencia de 27 de enero de 1998), impacto, quebrante o sufrimiento psíquico (Sentencia de 12 de julio de 1999). 

 

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